Opinión: «El timbre del panteón»

Hay un espécimen político que se ha vuelto una constante en la fauna local. No es el caudillo de antes, el que venía con un megáfono con mas acople que otra cosa o un sobrealimento de choris y empanadas frías para la militancia. No. 

El espécimen moderno descubrió las redes sociales. Consiguió aro de luz LED en TEMU, se instaló TikTok, se juntó con un community manager que aporta la frescura de quien no sabe absolutamente nada del tema, y de golpe se convirtió en el paladín de la solución integral para todos nuestros males.

Es el candidato que propone ser la alternativa. 

Un tipo (o tipa) que se lanza a la cancha como el «posible» candidato a lo que sea, siempre y cuando el cargo implique presupuesto, viajes con viáticos y un sillón donde sentarse a firmar convenios de cooperación.

Sin embargo, cuando uno los mira de cerca, cuando rasca un poco la pintura reluciente del video en 4K, descubre una verdad tremenda: están ahí, ocupando un lugar, pero no hacen absolutamente nada. 

Tienen la utilidad operativa del timbre de un panteón. Nadie lo toca, nadie espera que suene, y si por algún milagro llegase a sonar, el susto te dura una semana. Está ahí solo para certificar que el edificio sigue habitado por muertos que no molestan, pero que cobran.

Lo fascinante no es que no hagan nada. Lo fascinante es cómo han logrado aggiornar la maña. Antes, para no trabajar, había que esconderse detrás de un escritorio de roble con expedientes amarillentos. Hoy no. Hoy el desinterés se disfraza de hiperactividad digital. Modernizaron el envoltorio para captar la atención de las personas. Usan las redes y las apps con una precisión quirúrgica, pero no para proponer algo útil, sino para señalar con el dedo. Son especialistas en señalar la bacheada mal hecha de la gestión actual, la bombilla quemada de la esquina o el precio del colectivo. Filman un video de quince segundos con música dramática de fondo, ponen cara de preocupación cívica y rematan con un slogan que parece escrito por una inteligencia artificial con resaca.

El problema grave empieza cuando a alguien se le ocurre la imprudencia de hacer una pregunta. Una sola.

—Che, perdoná… ¿y ustedes qué hicieron cuando estuvieron al frente de esto mismo?

Ahí la tecnología se apaga y entra en juego el cinismo de alta gama. No te responden con datos, ni con autocrítica seria, ni con un expediente. Te responden con un tono paternalista, casi de monje tibetano que acaba de bajar de la montaña:

Aprendimos. Ahora sabemos cómo hacerlo mejor.

Y listo. Asunto arreglado. Cuatro años de gestión anterior borrados con la esponja mágica del «aprendimos». Semejante capacidad de absorción del error ajeno y propio tendría que cotizar en bolsa. Aprendieron. ¿A costa de quién? A costa del vecino que se comió el pozo, del que reventó la cubierta en una ruta que parece un queso gruyere, del que esperó el agua potable que nunca llegó, o del que vio cómo los fondos públicos se evaporaban en «consultorías para el desarrollo armónico del ser humano».

Son personajes que hacen como que trabajan de funcionarios. Es su verdadera profesión: simular. Se pasan la vida saltando de puesto en puesto político, como jugando a la rayuela con las cajas del Estado. Pasan de la Subsecretaría de Asuntos Inútiles a la Dirección General de Cosas Incompletas, y de ahí a una banca para «representar al pueblo». En el camino, se van llevando las regalías, las dietas, los asesores y los viáticos de un trabajo que les dimos nosotros.

Porque la ironía trágica de todo esto es esa: nosotros les pagamos el sueldo. Nosotros les financiamos el aro de luz, el celular de última generación y el café de especialidad mientras filman el reel donde nos explican que el país está roto. Son empleados nuestros que actúan como si nos estuvieran haciendo un favor por existir. Y a quien menos respetan, por supuesto, es al que les paga la fiesta.

Quizá sea hora de dejar de mirar la pantalla y empezar a probar si el timbre suena. O mejor aún: desenchufarlo de una vez.

Alejandro Torres – Periodista

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
Instagram