Hace 13 años, Ramón Vargas advertía sobre las inundaciones en Resistencia: “El agua no tiene por dónde salir”
En una entrevista radial realizada el 3 de julio de 2013, el geólogo y ambientalista Ramón Vargas explicó por qué el Chaco es especialmente vulnerable a las inundaciones. Advirtió sobre la ocupación de zonas bajas, la desaparición de lagunas y cauces naturales y la dificultad de evacuar el agua en una provincia donde la pendiente es mínima.

El 3 de julio de 2013, el geólogo, hidrogeólogo y ambientalista Ramón Vargas participó de una entrevista radial con Chiche Barrere y Mariano. En aquella oportunidad, explicó la relación entre el fenómeno de El Niño y las inundaciones que históricamente afectaron al Chaco, pero también puso el foco en una cuestión que consideraba fundamental: las características naturales de la provincia y la manera en que las ciudades fueron ocupando el territorio.
“Esto es muy importante”, comenzó Vargas al referirse a los antecedentes de grandes inundaciones en la región.
Recordó que hubo años asociados al fenómeno de El Niño ya a comienzos del siglo XX. “Nosotros hemos tenido años Niño en 1905/06, cuando se inundó lo que era entonces parte de la ciudad de Resistencia, que era muy poquitito, una mancha urbana muy pequeña”.
Después, explicó, llegó un período prolongado de sequía y de menor incremento de las lluvias. Entre esos episodios recordó especialmente la gran sequía de 1938/39, que afectó fuertemente al Chaco y también a La Pampa y que, según señaló, provocó movimientos migratorios de población.
El geólogo ubicó otro momento importante en 1966, cuando se produjo una inundación que quedó grabada en la memoria de los chaqueños. “Todos recuerdan la inundación en la que el agua llegó hasta casi la plaza 25 de Mayo”, señaló.
Posteriormente, mencionó los episodios de 1975 y, especialmente, la gran inundación de 1983, una de las más importantes registradas hasta entonces.
Pero para Vargas había un dato fundamental: para ese momento, el mundo científico ya había comenzado a establecer la relación entre El Niño y las inundaciones.
“Ya en ese momento se conoce esta correlación de la corriente de El Niño y las inundaciones. Antes de esta correlación no se conocía. El mundo científico todavía no había hecho la conexión entre un fenómeno y el otro”, explicó.
A partir de entonces, sostuvo, quienes tienen responsabilidades en la gestión de catástrofes comenzaron a prestar especial atención a las anomalías de temperatura del océano Pacífico.
Según explicó, cuando se habla de una anomalía se hace referencia a una temperatura que se encuentra por encima de la media. En determinados episodios, esa diferencia puede alcanzar varios grados.
“Multipíquelo por toda la superficie del océano Pacífico y eso es muchísima agua que se evapora. ¿Y qué produce esto? Impactos”, planteó.

“El Chaco es una mesa de billar”
Ante la pregunta sobre si los fenómenos de El Niño y La Niña se habían acentuado como consecuencia del calentamiento global o si habían existido siempre, Vargas planteó que era necesario distinguir ambas cuestiones.
Y allí introdujo uno de los conceptos centrales de su explicación:
“Tenemos que asumir claramente cómo es el Chaco. El Chaco es una mesa de billar, según la escala en que uno lo mire. Prácticamente es una planicie sin pendiente”.
Vargas explicó que la pendiente del territorio chaqueño es mínima: entre 10 y 20 centímetros por kilómetro.
“Eso hace que el agua se mueva muy lentamente”, señaló.
Por esa característica, explicó, las situaciones críticas en el Chaco tienen generalmente un desarrollo lento y forman parte de lo que se denomina catástrofes naturales de desarrollo lento.
Pero eso no significa que sus efectos sean necesariamente lentos.
“Si llueve 300 milímetros, son 30 centímetros. Esa agua se empieza a juntar lentamente, pero no tan lentamente”, advirtió.
El problema se vuelve todavía más evidente en las ciudades, sostuvo, porque muchas veces se han ocupado las partes bajas del territorio.
“Se llena de agua inmediatamente y lo vemos en la ciudad de Resistencia. Cae un chaparrón de 60 milímetros, 40 milímetros, pero de una intensidad muy grande. No es un milimetraje muy grande, sino que en pocos minutos la cantidad es muy grande y quedamos todos bajo agua”.
Para Vargas, esa situación diferencia al Chaco de otros territorios donde existen mayores pendientes.
“Si estuviéramos en zonas más montañosas, con mayores declives, tendríamos lo que se produce en Brasil, donde se desmoronan los cerros y cantidades de casas son arrastradas por el agua”, explicó.
Pero en una llanura como la chaqueña, el problema es diferente.

“La forma de prepararse es no hacer algunas cosas”
Para Vargas, una de las principales formas de prevenir las inundaciones no pasa solamente por construir más infraestructura, sino por evitar determinadas intervenciones sobre el territorio.
“Es muy difícil prepararse para eso. Y la forma de prepararse es no hacer algunas cosas. Por ejemplo, no ocupar las partes bajas con ciudades, porque eso se va a inundar y es muy difícil poder sacar el agua”.
En ese punto, cuestionó la idea de que la construcción de una mayor cantidad de canales pueda resolver por sí sola el problema.
“Por más que haga 50 canales, el agua no va a salir, porque lo que tendría que hacer es inclinar el mapa de la provincia para poder sacar el agua, y eso es imposible”.
El geólogo también explicó que, en una zona de llanura, el comportamiento del agua es muy diferente al de las regiones montañosas.
“Sale más agua —esto mucha gente no lo entiende— por la evaporación del sol que por lo que pueden extraer los canales”, sostuvo.
Y agregó: “El escurrimiento superficial en zonas como la nuestra es el 5% de lo que llueve. El resto es evaporación o infiltración”.
Por eso, resumió, cuando se analiza el comportamiento del agua en una zona de llanura, hay que tener presente que el principal movimiento del agua es vertical: la evaporación.
“El movimiento horizontal es lo que escurre por las laderas de las montañas, lo que escurre por los ríos y por la pendiente. Entonces la diferencia es muy grande, muy grande”.
Una advertencia que Vargas hacía en 2013
En aquella entrevista, Vargas sostuvo que desde hacía años intentaba que los responsables de tomar decisiones comprendieran las particularidades del territorio chaqueño.
“Desde que estoy en el Chaco costó muchísimo que los decisores políticos, de gobiernos y demás, entendieran esto. Y todavía no se entiende”.
A su criterio, el problema surgía cuando se confiaba exclusivamente en soluciones técnicas sin considerar las características naturales del territorio.
“Entonces creemos que hay una serie de soluciones técnicas y se apuesta a ellas y después estamos con los problemas que tenemos”.
Su planteo apuntaba, en definitiva, a mirar las inundaciones no solamente como consecuencia de un fenómeno climático extraordinario, sino también como resultado de la relación entre el agua y la forma en que las ciudades ocupan el territorio.
Y allí comenzaba otro capítulo de su explicación: el crecimiento de Resistencia sobre un territorio que, según Vargas, originalmente contaba con numerosas lagunas y cauces naturales.




