Qué es la «curita futurista» creada por la científica argentina Mikele Amondarain

Detrás de los grandes avances de la ciencia suele haber un impulso personal, una pregunta que busca respuesta o una marca que no borra el tiempo. Ese es el motor de Mikele Amondarain, la licenciada en Genética oriunda de Coronel Pringles que pasó de transitar su infancia y juventud entre pasillos de hospitales a desarrollar un proyecto biotecnológico con proyección global.
Inspirada en las marcas y heridas que no cerraban en el cuerpo de su padre, quien batalló durante 14 años contra el cáncer, Mikele encauzó su dolor hacia la investigación académica. Se formó en la UNNOBA, pasó por la Academia Nacional de Medicina y realizó su doctorado en el CONICET y el Instituto FLENI, especializándose en medicina regenerativa.
Hoy, a sus 32 años y al frente de la startup Vesicly, la científica argentina está en boca del ecosistema científico por su última creación: un parche regenerativo bautizado popularmente como la «curita futurista».
¿Qué es y cómo funciona la «curita futurista»?
Lejos de ser un simple adhesivo de botiquín, se trata de un parche experimental de biopolímeros cargado con exosomas.
Los exosomas: Son pequeñas vesículas o «paquetes de información» liberados por células madre mesenquimales (en este caso, del cordón umbilical). Contienen señales biológicas capaces de «instruir» a las células del cuerpo para que vuelvan a repararse.
El mecanismo: Al aplicarse sobre una herida, el parche le devuelve al organismo la capacidad regenerativa que tenía en la infancia, logrando que los tejidos sanen más rápido y con mejor calidad. Además, el material es reabsorbible por el cuerpo.
¿Para qué sirve y a quiénes beneficiará?
Actualmente, el desarrollo está enfocado en el tratamiento de heridas complejas, profundas y de difícil cicatrización, tales como:
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Úlceras por presión (escaras en pacientes internados o adultos mayores).
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Quemaduras de alto grado.
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Pie diabético y lesiones crónicas de piel.
Sin embargo, el objetivo de Amondarain y su equipo va más allá: la meta es consolidar una plataforma biotecnológica que en el futuro permita regenerar otros tejidos, como el cardíaco, el ocular o el neuronal. En tiempos donde la esperanza de vida crece, este avance apunta no solo a prolongar los años, sino a mejorar sustancialmente la calidad de vida en la vejez.
Reconocimiento internacional y sello argentino
El proyecto, que dio sus primeros pasos en los laboratorios nacionales y en el +54Lab del Parque de Innovación en Buenos Aires, ya rompió fronteras. Meses atrás, Amondarain fue premiada en Monterrey (México) con la prestigiosa Beca Draper durante el Demo Day de Deep-Tech for Smart Longevity, compitiendo con los mejores desarrollos de la región.
Con patentes en trámite y la mira puesta en rondas de inversión internacional para continuar con las fases de ensayos clínicos, la historia de Mikele Amondarain demuestra cómo el talento, la universidad pública y la resiliencia personal pueden transformar una vivencia difícil en una solución médica que promete cambiarle la vida a miles de personas.
Redacción Infoqom




