El peso de las iglesias evangélicas, una fuerza que puede ser decisiva en las elecciones de Brasil

Las iglesias evangélicas dejaron hace tiempo de ser un actor exclusivamente religioso en Brasil. Su crecimiento demográfico, su capacidad de organización y la presencia de sus líderes en los medios, las redes sociales y la política convirtieron al electorado en uno de los sectores que los candidatos buscan conquistar en cada elección presidencial.
Ese peso vuelve a quedar en evidencia en las elecciones de 2026, que tendrán una segunda vuelta el 25 de octubre entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. En la primera vuelta, el candidato del Partido Liberal obtuvo el 47,03% de los votos válidos, mientras que Lula alcanzó el 45,16%.
El vínculo entre política y religión se profundizó especialmente desde 2018, cuando Jair Bolsonaro consiguió un fuerte respaldo dentro del mundo evangélico. En 2022, por ejemplo, una encuesta de Datafolha registraba una ventaja de Bolsonaro sobre Lula entre los electores evangélicos. En agosto de aquel año, el 49% de los evangélicos consultados manifestaba intención de votar por Bolsonaro frente al 32% que elegía a Lula.
Pero reducir el fenómeno a una relación automática entre iglesias evangélicas y derecha sería simplificar demasiado una realidad mucho más diversa.
Una investigación nacional realizada por el Instituto de Estudios de la Religión (Iser) junto con Quaest, con 15.000 entrevistas en 412 municipios brasileños, determinó que los evangélicos representan actualmente el 29% de la población. El grupo está compuesto por numerosas denominaciones y corrientes, con una fuerte presencia pentecostal.
El mismo estudio muestra además una diferencia importante entre la influencia religiosa y una supuesta transferencia automática de votos. El 83% de los entrevistados se manifestó en contra de que pastores o sacerdotes indiquen expresamente a quién votar, mientras que el 90% rechazó la realización de campañas electorales dentro de los espacios religiosos.
Esto no significa que la religión haya perdido influencia política. Por el contrario, los especialistas consultados por Agência Brasil señalan que esa influencia se produce cada vez más a través de los valores, las identidades y las redes de confianza que rodean a las comunidades religiosas.

Las redes sociales y WhatsApp también tienen un papel central. La investigación señala que el 66% de los entrevistados utiliza WhatsApp como espacio de articulación de comunidades y grupos religiosos. De esta manera, los mensajes políticos pueden circular entre fieles sin necesidad de que un candidato sea mencionado directamente durante un culto.
Una disputa que va más allá del templo
El fenómeno también se explica por el crecimiento de la representación política de los evangélicos. Durante las últimas décadas, dirigentes y pastores pasaron a ocupar cargos legislativos y a participar activamente en las discusiones sobre políticas públicas, especialmente en cuestiones vinculadas con familia, educación, seguridad y valores religiosos.
Al mismo tiempo, las elecciones de 2026 muestran que la relación entre el mundo evangélico y el bolsonarismo tampoco es completamente uniforme.
Flávio Bolsonaro mantiene un respaldo importante entre los evangélicos. Una encuesta de Datafolha publicada antes de la primera vuelta ubicaba al candidato del PL con el 52% de las preferencias dentro de ese segmento, mientras que Lula obtenía una posición mucho más fuerte entre los católicos.
Sin embargo, también aparecieron dirigentes evangélicos que se distanciaron del bolsonarismo o decidieron no respaldar públicamente a ningún candidato. Esa situación refleja una discusión cada vez más presente dentro de las propias iglesias: hasta dónde puede involucrarse una institución religiosa en una disputa electoral sin terminar dividiendo a su propia comunidad.
La influencia de las iglesias evangélicas, por lo tanto, probablemente seguirá siendo importante en Brasil. Pero su papel no puede medirse solamente contando votos. También habrá que observar qué líderes consiguen movilizar a sus comunidades, qué mensajes circulan por las redes, qué candidatos logran identificarse con los valores de esos electores y, sobre todo, cuánto de esa identidad religiosa termina transformándose efectivamente en una decisión política.
En una elección definida por una diferencia estrecha en la primera vuelta, ese comportamiento puede adquirir todavía mayor relevancia durante las semanas previas al balotaje.
Redacción Infoqom




