A diez años del secuestro del fotógrafo Martínez Ovejero: una década de impunidad y miedo

Resistencia, Chaco – El pasado lunes 20 de mayo se cumplieron diez años del secuestro del fotógrafo artístico Carlos Gregorio Martínez Ovejero, ocurrido en 2015 en la ciudad de Resistencia. A pesar del paso del tiempo, la causa judicial continúa sin resolverse y el único acusado, el policía Gastón Báez, aún no ha enfrentado juicio. La investigación se ha caracterizado por demoras, irregularidades y nulidades que derivaron en la liberación de los principales implicados.
Aquella noche de otoño, Martínez Ovejero salió de su casa en Juan D. Dios Mena 426 para pasear a su perra. Fue entonces cuando fue interceptado por dos hombres, golpeado, atado con precintos y subido a un vehículo Volkswagen Gol gris plata. Trasladado hacia el camino conocido como El Paranacito, en las inmediaciones de Puerto Vilelas, fue brutalmente agredido y dejado abandonado en el monte, donde sus captores creyeron haberlo matado.
“Yo me salvé porque me hice el muerto”, recuerda con crudeza la víctima, quien todavía vive con temor, protegido con un botón antipánico similar al que se entrega a víctimas de violencia de género. El fotógrafo afirma que el secuestro fue orquestado por su vecina, Demetria Miño, con el objetivo de desalojarlo de la vivienda en la que aún reside.
Según su testimonio, Miño contrató a la abogada Nadia Fernández, quien, a cambio de 12 mil pesos, contactó a los autores materiales del hecho. “Ella misma lo declaró. Dijo que la abogada le dio un papel con contactos para hacer ‘un trabajito’. La pericia caligráfica determinó que la letra era de Fernández”, aseguró Martínez Ovejero.
El viernes 16 de mayo, el expediente volvió a ser tratado en el Juzgado de Garantías N.º 2, a cargo de la jueza Liliana Puppo. La defensa de Báez solicitó el sobreseimiento, pero el fotógrafo mantiene la esperanza de que finalmente se haga Justicia. Insiste en que tanto Miño como Fernández deben ser imputadas formalmente.
Báez y Fernández llegaron a estar detenidos, pero recuperaron la libertad luego de que la jueza Rosalía Beatriz Zozzoli (hoy jubilada, pero sospechada de convalidar falsa denuncia en al menos un caso) anulara las escuchas telefónicas por supuestas irregularidades en su obtención, debilitando así una de las pruebas centrales de la causa.

El caso fue inicialmente llevado por la fiscal Ingrid Wenner, quien, según Martínez Ovejero, fue “la única que quiso llegar a la verdad”. Sin embargo, fue apartada por pedido de la defensa. La causa quedó en manos de la fiscal Ana González de Pacce y ahora la fiscal de Cámara Noelia Encinas será quien deba sostener la acusación.
En su declaración, Martínez Ovejero no dudó en identificar a sus captores como integrantes de la Policía del Chaco. Báez formaba parte del Comando de Operaciones Especiales (COE) y el segundo hombre, aún no identificado, habría trabajado en la comisaría Primera.
El fotógrafo reconstruyó con detalles los momentos de terror vividos dentro del vehículo: “Me apuntó con una pistola 9 milímetros y me pegó con la culata en la frente. Me salió mucha sangre”. Ya en el monte, aún atado, uno de los secuestradores intentó ahorcarlo. “Me dejaron por muerto”, relató.
La perra del fotógrafo, llamada “Pupi”, jugó un papel decisivo al ladrar con fuerza, lo que posiblemente disuadió a los agresores de rematarlo. “Tenía un ángel”, dice emocionado sobre su mascota, que falleció años después.
Malherido, Martínez Ovejero logró arrastrarse hasta una empresa cercana, donde fue asistido por personal de seguridad que dio aviso a la policía. La fiscal Wenner llegó al lugar y, gracias a la confesión de Miño, logró identificar a los involucrados.
Diez años después, el caso sigue abierto, sin condenas, y con un sobreviviente que vive con miedo. La justicia aún le debe una respuesta.




