
Postales del abandono: una travesía en bicicleta por las ruinas del «Yaco» Guarnieri
El Autódromo de Resistencia, que supo ser epicentro del automovilismo grande del país, hoy exhibe su peor cara. Entre el pasto alto, la desolación y el recuerdo de los motores, los ciclistas lo eligen para pedalear entre los vestigios de un pasado glorioso que no volverá.
El viento golpea de frente y el silencio del norte de Resistencia solo se interrumpe por el crujido de las cubiertas de una bicicleta sobre lo que queda de asfalto. No hay rugido de motores, no hay olor a caucho quemado, no hay banderas ni tribunas colmadas. Hoy, el Autódromo Santiago «Yaco» Guarnieri es un fantasma de cemento rodeado de maleza.
Para quienes peinan algunas canas o simplemente crecieron respirando el automovilismo chaqueño, recorrer la pista en dos ruedas es un viaje directo a la nostalgia. «Mirá, esto es parte del circuito. De hecho, parte de lo más lindo que tenía es esto… Acá vimos carreras nosotros», relata un ciclista mientras pedalea por un sector donde la vegetación ya le ganó la pulseada al trazado original.
El contraste es brutal. La memoria viaja rápido a las tardes de gloria del TC2000 o el Top Race, a los domingos donde el «Pato» Juan Manuel Silva hacía delirar a las tribunas locales. Sin embargo, la realidad actual golpea con la dureza de un bache: «Esto es Berlín devastado en el 45», suelta con amargura el mismo testigo, sintetizando en una frase el paisaje desolador.
Desguace y nostalgia en la entrada de boxes
A medida que el recorrido avanza en dirección a la mítica entrada de boxes, las sensaciones se vuelven más densas. El ingreso, antes celosamente transitado por mecánicos, ingenieros y pilotos con las pulsaciones a mil, hoy es un tramo angosto y desfigurado. «Qué angustiante debió ser venir a cambiar una rueda acá y ver cómo los otros siguen a fondo», reflexiona uno.
El abandono no es solo estético; es estructural. En algunos sectores del circuito, el pavimento directamente desapareció, dejando paso a la tierra y las piedras. «Se robaron hasta el asfalto», denuncian, entre la indignación y la ironía, al encontrarse con tramos donde la desidia estatal y el vandalismo hicieron lo suyo a lo largo de los años.
La recta opuesta: a fondo hacia la nada
La travesía continúa hacia la recta opuesta, el sector más veloz del Guarnieri, que decanta en el curvón del final. Ahí donde los autos de competición tiraban cambios «a fondo», hoy las bicicletas avanzan a un ritmo calmo, permitiendo una panorámica dolorosa de las instalaciones.
A lo lejos se recortan la torre de control y las estructuras principales, mudos testigos de una época dorada que hoy parece de otra dimensión. Irónicamente, el simulador y las pistas digitales parecen ser hoy el único lugar donde el «Yaco» Guarnieri sigue vivo, impecable y rugiendo como antes. En el mundo real, el autódromo de Resistencia sigue esperando boxes, atrapado en una carrera contra el olvido que, por ahora, viene perdiendo por afano.




