La UNCAUS apuesta a la federalización de la ciencia y la tecnología en el país

El vicerrector de la UNCAUS, Manuel García Solá se mostró a favor de construir ecosistemas regionales de innovación y producción de conocimiento aplicado durante su reciente participación en las Segundas Jornadas de Nueva Arquitectura Institucional de Universidad, Ciencia y Tecnología llevadas a cabo en San Carlos de Bariloche.

Bajo el lema “La federalización de la Educación Superior, la Ciencia y la Tecnología en la Argentina” el encuentro tuvo lugar en la Sede Andina de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), reuniendo a 500 participantes entre académicos, rectores, directores de institutos y especialistas de todo el país

La Universidad Nacional del Chaco Austral estuvo representada por el rector, Germán Oestmann, el vicerrector, Manuel García Solá, la secretaría de Investigación, Ciencia y Técnica, Mara Romero y la directora del Departamento de Ciencias Básicas y Aplicadas, Nora Okulik.

En la oportunidad, García Solá reconoció que “deben reconocerse los avances impulsados por las convocatorias de fortalecimiento institucional del CONICET —como los programas IDI, Regionales y Especiales—, pero esa regionalización debería articularse simultáneamente con la conformación de clusters productivos regionales que constituyan el destino natural de los conocimientos y proyectos desarrollados por los investigadores, tanto en sus laboratorios como en las empresas y organizaciones de la sociedad civil”, precisó.

“En términos más amplios – explicó- un clúster productivo suele integrar empresas productivas principales; proveedores de insumos y servicios; universidades; centros de investigación y desarrollo; organismos públicos; entidades financieras; asociaciones empresariales; sindicatos y organizaciones sociales; estructuras de innovación y transferencia tecnológica”.

García Solá advirtió que “gracias a esta modalidad estratégica de articulación que constituyen los Clusters, el conocimiento científico deja de producirse de manera aislada o exclusivamente académica y pasa a insertarse en un ecosistema territorial de desarrollo”.

“Nuestra propuesta-objetivo no es solamente desconcentrar organismos científicos, sino construir ecosistemas regionales de innovación y producción de conocimiento aplicado. Por eso, Argentina reúne las condiciones para contar con un clúster agrobiotecnológico en el NEA; un clúster energético-petroquímico en Patagonia; un clúster metalmecánico en Córdoba; un clúster forestal-industrial en Misiones y Corrientes o un clúster de economía del conocimiento en ciudades universitarias intermedias”, detalló el funcionario universitario.

El Vicerrector de la UNCAUS consideró que “una auténtica descentralización y federalización exige también que los organismos de promoción de la ciencia y la tecnología —como la Agencia Nacional— se federalicen tanto en su composición como en el destino de los recursos que administran”.

Al respecto, destacó que “esta arquitectura institucional requiere una discusión profunda, en la que podrían recuperarse experiencias como la del Consejo Federal de Inversiones, con su red de oficinas regionales articuladas con las provincias, y la del CONICET mediante el despliegue territorial de sus Centros Científicos Tecnológicos (CCT)”.

“La priorización del destino de los recursos —siempre escasos— debería definirse con una fuerte participación regional y canalizarse hacia los clusters productivos que un Plan Nacional de Desarrollo determine como estratégicos para sustituir el actual modelo de intercambio desigual por otro basado en la creación y acumulación descentralizada de valor agregado mediante la aplicación social y productiva del conocimiento”, afirmó finalmente.

Propuesta de la UNCAUS

 

A continuación, se comparten otras iniciativas que fueron compartidas durante las Segundas Jornadas de Nueva Arquitectura Institucional de Universidad, Ciencia y Tecnología

  • La federalización de los sistemas de formación de recursos humanos —universitarios y no universitarios—, de investigación científica, de transferencia tecnológica y de innovación constituye uno de los principales desafíos pendientes de la Argentina y una condición ineludible para transformar de raíz el modelo de desarrollo económico y social concentrado en el corredor central del país y estructurado sobre relaciones de intercambio desigual con su propia periferia. Esa federalización no puede concebirse como una mera descentralización administrativa de servicios, ya que la génesis constitucional argentina —en la que las provincias son preexistentes a la Confederación— plantea desafíos políticos, fiscales, institucionales y administrativos que deben ser abordados de manera articulada, procurando preservar aquello que efectivamente funciona.

 

  • La transferencia de los institutos terciarios no universitarios —históricamente dedicados a la formación de maestros y profesores— realizada a comienzos de la década de 1990 constituyó una oportunidad desaprovechada. Aquél era el momento adecuado para utilizar esas bases territoriales como sedes de una institución universitaria de alcance nacional, con un formato institucional semejante al de la Universidad Tecnológica Nacional y sus facultades regionales, garantizando así un currículum homogéneo y, al mismo tiempo, adaptado a las particularidades de cada jurisdicción. (Quizá la estructura ya existente de UNIPE, pueda servir como embrión para ese desarrollo). Sin embargo, la transferencia implicó la incorporación de los institutos terciarios a las estructuras provinciales y, con ello, quedaron sujetos a las desiguales capacidades estatales subnacionales. En lugar de ello, las instituciones provinciales podrían haberse reconvertido hacia institutos tecnológicos y de formación profesional, mientras que la formación docente para los niveles primario y secundario permanecía bajo jurisdicción nacional. Quizá haya llegado el momento de revisar críticamente aquel proceso y avanzar hacia la construcción de un verdadero Pacto Nacional por la Calidad Educativa entre los 24 estados subnacionales y el Estado Nacional.

 

  • A pesar de los importantes avances registrados en el sistema universitario a través de la creación de universidades en el interior del país, persiste una profunda deformación en la asignación presupuestaria. El método tradicional, basado en la reproducción acrítica de distribuciones históricas y desvinculado de cualquier modelo racional de pautas, ha consolidado fuertes asimetrías en la calidad de la oferta académica entre las instituciones del corredor central y las del Norte y Sur argentinos. Resulta, por lo tanto, imprescindible revertir de manera urgente esa distorsión y adoptar efectivamente el modelo de distribución por pautas presupuestarias aprobado en distintos plenarios del Consejo Interuniversitario Nacional, tantas veces reconocido formalmente como incumplido en la práctica.

 

  • El acceso a la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico constituye una de las principales barreras que deben transformarse para lograr una efectiva federalización de la ciencia, la tecnología, la innovación y la transferencia de conocimientos hacia la sociedad. Superados los obstáculos anteriormente señalados, resulta necesario avanzar hacia una regionalización de los procesos de evaluación mediante jurados con aptitud para valorar proyectos colectivos y estrategias institucionales, y no únicamente trayectorias académicas individuales. Deben reconocerse los avances impulsados por las convocatorias de fortalecimiento institucional del CONICET —como los programas IDI, Regionales y Especiales—, pero esa regionalización debería articularse simultáneamente con la conformación de clusters productivos regionales que constituyan el destino natural de los conocimientos y proyectos desarrollados por los investigadores, tanto en sus laboratorios como en las empresas y organizaciones de la sociedad civil. Además, el ingreso a la carrera científica no debería depender exclusivamente del CONICET, sino integrarse de manera coordinada con otros organismos de ciencia y tecnología presentes en cada región —INTA, INTI, CNEA y otros— y con las áreas de ciencia y tecnología de las provincias que las integran.

 

  • La formación de posgrado constituye otro de los mecanismos que contribuyen a reproducir el modelo centralista y las relaciones de intercambio desigual entre el interior subdesarrollado y las regiones metropolitanas de la franja más desarrollada del país. Para comenzar a revertir esta situación, sería necesario modificar los criterios de evaluación de la CONEAU respecto del origen institucional de los docentes de especializaciones, maestrías y doctorados, evitando que la posterior acreditación de los programas penalice estructuralmente a las universidades del interior frente a las instituciones centrales. Asimismo, los presupuestos universitarios deberían incorporar partidas específicas destinadas a viáticos y traslados, permitiendo que las estructuras académicas del interior puedan contar con los mejores antecedentes académicos del país mientras se avanza en un proceso gradual de nivelación. De lo contrario, los jóvenes con vocación científico-académica continuarán emigrando hacia las regiones desarrolladas para completar su formación, siendo muy pocos quienes luego regresan a sus lugares de origen. Ello condiciona gravemente el desarrollo de los organismos de ciencia y técnica en las regiones actualmente marginadas, ya que la ausencia de doctores limita posteriormente la formación de becarios y termina marchitando las vocaciones científicas locales.

 

  • Resulta imperioso otorgar carácter verdaderamente ejecutivo al Gabinete Científico y Tecnológico (GACTEC), creado por la Ley de Innovación Científica y Tecnológica y prácticamente inactivo desde su origen, situación que ha favorecido la profundización de la fragmentación entre los distintos organismos de ciencia y tecnología. Desarticular la compleja trama de superposición de funciones, intereses y competencias entre dichos organismos constituye una condición indispensable para cualquier proceso serio de federalización. El GACTEC debería transformarse en el órgano rector del cual dependan directamente todos los organismos nacionales de investigación científica y tecnológica. Ello implicaría, necesariamente, una profunda reorganización de los ministerios actualmente involucrados. En ese marco, resulta pertinente abrir una reflexión sobre la conveniencia de crear un Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, mientras que el Ministerio de Educación concentraría sus competencias en la educación básica.

 

  • Todo este proceso de federalización resultará inviable si los veinticuatro Estados subnacionales que integran la Argentina no asumen plenamente la responsabilidad de otorgar a la educación superior, la ciencia, la tecnología, la innovación y la transferencia de conocimientos el rango político-institucional que corresponde dentro de sus estructuras de gobierno. Una prueba elocuente del fracaso de los intentos previos de articulación fue la creación, mediante la Ley de Educación Superior, de los Consejos Regionales de Planificación de la Educación Superior (CEPRES). Ello ocurrió porque ni las jurisdicciones provinciales ni las universidades se sintieron efectivamente obligadas a participar activamente ni a cumplir las decisiones consensuadas por funcionarios subalternos designados para tal fin. En consecuencia, resulta necesario diseñar mecanismos político-fiscales, inspirados en la experiencia del CFI, que cuenten con financiamiento automático detraído de la coparticipación federal, con sede institucional en cada jurisdicción y participación obligatoria dentro de los gabinetes subnacionales, bajo apercibimiento de suspensión automática de fondos ante el incumplimiento de las políticas acordadas por la Asamblea de Gobernadores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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