Ébola en el Congo: una médica argentina alertó por la expansión del brote y la presión sobre el sistema sanitario

La médica argentina Carolina Nanclares, coordinadora de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Kisangani, relató la situación que atraviesa la República Democrática del Congo frente al brote de ébola causado por el virus Bundibugyo. La profesional advirtió sobre la expansión geográfica de la enfermedad, las dificultades para rastrear contactos y el impacto que la emergencia tiene sobre las familias y los equipos de salud.
Nanclares regresó recientemente del Congo y actualmente cumple una cuarentena de 21 días en Barcelona antes de regresar a la Argentina. Durante su misión estuvo vinculada a la respuesta sanitaria en Kisangani, capital de la provincia de Tshopo.
Según explicó, uno de los principales desafíos es que los nuevos casos continúan apareciendo en diferentes zonas, algunas de ellas alejadas de los centros donde ya existe capacidad de respuesta. Esta dispersión obliga a instalar nuevamente mecanismos de vigilancia, atención y seguimiento cada vez que el virus llega a un nuevo territorio.
Los últimos datos difundidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) registraban, al 7 de septiembre, 6.757 casos confirmados y 3.267 muertes en la República Democrática del Congo. La letalidad se ubicaba entonces en el 48,3%. La OMS señaló que el brote ya afectaba 61 zonas sanitarias distribuidas en seis provincias.
La información más reciente citada por Infobae, con datos hasta el 21 de septiembre, eleva el acumulado a 7.773 casos confirmados y 3.759 fallecimientos. El brote se extendió a siete provincias y se convirtió en el más mortífero registrado en la historia del Congo.
La provincia de Ituri continúa siendo el principal epicentro de la emergencia. Allí, además de la transmisión del virus, la inseguridad y los desplazamientos de población dificultan el acceso de los equipos sanitarios y las tareas de vigilancia epidemiológica.
El brote actual está provocado por el virus Bundibugyo, una especie de ébola poco frecuente. La OMS señala que actualmente no existen vacunas ni tratamientos específicos aprobados para esta enfermedad, por lo que la respuesta se basa en la detección rápida, aislamiento, atención de los pacientes, seguimiento de contactos y medidas de prevención de contagios.
La médica argentina explicó que el aislamiento de los pacientes representa además un desafío emocional, especialmente en el caso de los niños. Muchos quedan separados de sus familiares mientras reciben atención y algunas familias resultan afectadas simultáneamente por la enfermedad.
Nanclares también describió el impacto de los rumores y la desinformación en las comunidades afectadas. Según relató, circulan versiones que generan temor hacia los centros de tratamiento y pueden retrasar la consulta médica.
Para Médicos Sin Fronteras, esta situación constituye otro obstáculo para controlar la epidemia, debido a que la detección temprana y el seguimiento de los contactos son fundamentales para interrumpir las cadenas de transmisión.
La violencia que afecta a distintas regiones del Congo también limita las posibilidades de los equipos humanitarios para llegar a las comunidades y realizar tareas de vigilancia, investigación de casos y seguimiento de contactos.
La respuesta también implica riesgos para quienes trabajan en hospitales y centros de atención. La OMS señaló dificultades vinculadas con el acceso al agua, las condiciones sanitarias y las medidas de prevención y control de infecciones en algunas zonas afectadas.
Nanclares destacó que los protocolos de bioseguridad son fundamentales para reducir el riesgo de contagio entre los equipos que trabajan directamente con pacientes.
Mientras continúan las tareas de vigilancia y asistencia, la expansión territorial representa uno de los principales desafíos. La OMS mantiene una evaluación de riesgo muy alta para la República Democrática del Congo, alta para los países que comparten frontera y baja a nivel global, según su evaluación publicada en septiembre.




