Carpinchos se expanden por varias provincias y crece el reclamo por la falta de plan para frenar su reproducción

La población de estos animales creció de manera sostenida desde 2021 y hoy el fenómeno excede largamente cualquier barrio privado del norte del conurbano. Se los registra en urbanizaciones, rutas, clubes náuticos y espacios públicos de distintas provincias. En Corrientes, un auto chocó contra uno sobre la Ruta 14 con tanta violencia que el vehículo se incendió en la banquina. En San Isidro, uno se metió a la pileta de un club durante una ola de calor. En Rosario llegaron con los camalotes durante la crecida del Paraná. El mapa se agranda cada mes.

El problema de fondo es concreto: son animales silvestres protegidos por la Ley Nacional de Fauna Nº 22.421. No se los puede cazar, capturar, trasladar ni controlar sin autorización. Eso los deja en un limbo legal que los perjudica a ellos más que a nadie. Se reproducen a una velocidad extraordinaria, una hembra puede tener hasta ocho crías por parto y dos partos por año, sin depredadores naturales que regulen la población. El resultado es hacinamiento, estrés, competencia por el alimento y mayor mortalidad.

En General Rodríguez, hay 174 carpinchos en apenas 170 hectáreas, viviendo en costas empinadas con poca vegetación y condiciones inadecuadas. No están bien. Están atrapados.

Las herramientas para actuar existen: vasectomías a machos dominantes, vacunas anticonceptivas anti-GnRH que bloquean la reproducción sin cirugía, traslados controlados a ambientes naturales con monitoreo posterior. Brasil ya aplica versiones más eficientes de estas vacunas con dardos a distancia, sin necesidad de captura.

La Argentina tiene los conocimientos, el CONICET y la UBA llevan años de investigación, pero le falta escala, presupuesto y, sobre todo, decisión política.

Los vecinos están desesperados y el reclamo es cada vez más urgente: que la Dirección de Flora y Fauna de la Provincia de Buenos Aires actúe. No para sacar a los carpinchos “porque molestan”, sino porque una densidad poblacional artificialmente elevada, sin intervención, termina siendo la peor opción para los propios animales. No hacer nada también es una decisión. Hasta ahora, es la única que están tomando.

 

Fuente: TN

 

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