Fue uno de los secaderos de té más grandes de Argentina y hoy duerme abandonado

Antes de convertirse en una estructura abandonada plagada de recuerdos e historia, la planta de la Sociedad Industrial Té Argentino SRL, más conocida como ITA, fue uno de los principales pilares del sustento económico para los habitantes de Campo Viera, localidad de Misiones.

Creada oficialmente en 1950, la empresa tealera marcó un punto clave en las exportaciones misioneras de té, llegando a producir 100.000 kilos de té por mes en su mejor momento. Pero eso terminó haciendo que los escombros y la nostalgia adornasen la imponente planta, dejando atrás un legado en la ciudad.

La historia de Campo Viera y la llegada del té

La historia de Campo Viera se remonta a 1922, cuando Manuel Viera llegó a las inmediaciones del arroyo Yazá para dedicarse a la explotación clandestina de yerba mate y de los montes fiscales. Aquel primer asentamiento marcaría el inicio de un poblado que, con el paso de los años, tomaría forma.

En 1929, las dependencias oficiales fueron trasladadas hasta las orillas de la Ruta Nacional N.º 14, el mismo lugar donde se encuentra actualmente el pueblo. El crecimiento de la zona continuó durante las siguientes décadas y, finalmente, en 1943, se creó la primera Comisión de Fomento de Campo Viera, dando un nuevo paso en la organización de la localidad.

Años antes de esa organización formal, en 1925, una planta llegaría de Asia y revolucionaría el rumbo de la ciudad. El té llegó a Misiones por medio de Wladimiro Hnatiuk, quien empezó su cultivo en cercanías de Tres Capones, una localidad misionera. La producción de té creció con el apoyo de la Estación Experimental de Loreto. Rápidamente se expandió hacia otras áreas de la provincia, como Campo Viera.

Un alemán y el auge de uno de los secaderos de té más grandes de Argentina

En 1939, tras su llegada de Alemania, Francisco Kühnlein comenzó a producir plantines de té en un vivero en Campo Viera. El éxito de su labor hizo que, cuatro años después, instalara el primer secadero en el pueblo. De allí, la producción no hizo más que crecer.

El emprendimiento avanzó rápido y, ya en 1950, se transformó en la Sociedad Industrial Té Argentino SRL, o también conocida como ITA. Esta tenía como propietarios al mismo Francisco y a Marta, su esposa.

Según Luisa Kühnlein, la nieta de Francisco, a través de una entrevista al diario El Territorio, el hombre construyó la fábrica con el dinero que trajo de Alemania y “con ayuda de unos parientes, empezaron con esta actividad”. Esos valores rigieron en la planta. El ITA era un emprendimiento privado, pero contaba con un fuerte pilar basado en la colectividad y unión, debido a que era la principal fuente de trabajo de Campo Viera.

Con el tiempo pasó a llamarse ITA Agropecuaria Sociedad Anónima al sumarse hijos y sobrinos como socios. En su mejor momento fue gigantesca: el edificio tenía cinco pisos con distintas actividades en cada uno, llegó a emplear unas 600 personas y a embarcar cerca de 100 mil kilos mensuales hacia Chile, su principal mercado. Más tarde también exportó a Inglaterra e India, empacando el té bajo la marca “Té Sol”.

La caída del ITA en los 90 y la actualidad del edificio

A pesar de la magnitud de la planta, el cambio de política en la década del 90 hizo que la empresa se desmoronara de a poco. En 1992, cuando la situación no daba para más, se decretó la quiebra y el cierre del ITA.

Esto provocó un alto porcentaje de desocupación en la zona, y el propio intendente reconoció que había sido “un potencial industrial importante no solo en Misiones, sino a nivel mundial”. En 2005, inversores porteños e italianos llegaron a evaluar reactivarla y el gobernador Carlos Rovira intentó que el predio no fuera a remate judicial, aunque no se pudo concretar.

Hoy en día, el edificio se encuentra abandonado. Muchos de los que pasan por la zona, al notarlo en ruinas, sienten una nostalgia, un lejano recuerdo sobre un gigante comercial en un pequeño pueblo que supo avanzar hasta que la situación se desmoronó. Por eso, muchos consideran que la estructura no es solo un pedazo de concreto gigante, sino que es la memoria e historia viva de Campo Viera.

Fuente: Radio Mitre

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