Hasta siempre, Lolo

Hay pérdidas que no se explican con la lógica del mundo de los adultos, esas donde la estupidez humana se vuelve una sombra demasiado grande para la inocencia. 

Los animales tienen esa pureza que a las personas se nos va oxidando con el tiempo, esa capacidad implacable de perdonar a los mismos que los lastiman.

La historia de Lolo no debería haber sido una tragedia, sino una de esas pequeñas victorias cotidianas que nos salvan la dignidad como especie. Un caballo anciano, cansado de llevar el peso del mundo en las espaldas, que un día encuentra el milagro de la hierba fresca, la sombra tranquila y un par de manos que no se levantan para golpear, sino para acariciar. Pero la mezquindad de algunos no soporta ver la paz ajena. Robarse a un abuelo de cuatro patas, volver a someterlo al miedo cuando ya se había olvidado de cómo dolía el cuerpo, es un acto de una miseria que no tiene adjetivos posibles.

Al final, Lolo eligió el único refugio que nadie podía arrebatarle: acostarse despacito y dejar de pelear. Su cuerpo desgastado dijo basta, pero la culpa, esa culpa enorme que nos queda a los que observamos, nos tiene que servir para no acostumbrarnos a la barbarie.

Palabras de despedida de Grisel de Fundación FRRE

«HASTA SIEMPRE, LOLO

Hoy nos toca despedir a nuestro querido Lolo… y tenemos el corazón completamente roto. 😭

Todavía no podemos entenderlo.

¿PARA QUÉ LO ROBARON?

¿POR QUÉ TANTA MALDAD?

¿POR QUÉ TENÍAN QUE DESTRUIRLO ASÍ?

Lolo era un abuelito. Había llegado a nosotros después de una vida de sufrimiento, de ser explotado y utilizado para tirar de un carro. Cuando finalmente encontró un lugar seguro, donde podía recibir alimento, cuidados y amor… alguien decidió llevárselo.

Se lo llevaron de su lugar seguro.

Le volvieron a arrebatar la tranquilidad que tanto necesitaba.

Y hoy Lolo ya no está. 😭💔

Lolo simplemente se acostó con esa tranquilidad que lo caracterizaba… y se nos fue. 🥺

Se acostó y dejó de luchar.

Después de todo lo que había vivido, su cuerpito ya no pudo más.

Y mientras intentamos asimilar esta pérdida, duele todavía más saber que quienes volvieron a someterlo al sufrimiento tienen nuevamente a otro caballo esclavizado a un carro.

¿CUÁNTOS MÁS?

¿Cuántos caballos tienen que sufrir para que entendamos que NO son herramientas de trabajo?

Son seres sintientes.

Sienten miedo. Sienten dolor. Se cansan. Sufren.

Y merecen una vida digna.

Lolo merecía descansar.

Merecía sus últimos años en paz.

Merecía conocer solamente el amor que tantas veces le negaron.

Perdón, Lolo. 😭🤎

Perdón por no haber podido protegerte hasta el final.

Nos queda la certeza de que, mientras estuvo con nosotros, fue amado. Y vamos a llevar tu historia para siempre, porque no queremos que tu muerte sea solamente una despedida.

Queremos que sea un llamado.

Que nadie vuelva a mirar hacia otro lado.

Que ningún caballo tenga que terminar así.

🌈🐴 VOLÁ LIBRE, LOLO.

Ojalá ahora sí puedas descansar.

Hasta siempre, abuelito.

Fundación FREA nunca te va a olvidar.»

 

Alejandro Torres – Periodista

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