Humor: La chofer que maneja a puro ladrido y sin carnet

La Dirección de Tránsito de la municipalidad está que no lo cree, pero los vecinos de la zona ya se lo veían venir. En un control de rutina que parecía de lo más normal, un inspector se acercó a un Peugeot azul estacionado para solicitar la documentación correspondiente. La sorpresa fue mayúscula cuando del lado del conductor, con la pata apoyada en la ventanilla y mirando con cara de «yo no fui», se encontraba “ Porota” la firulais más prófuga de la ley vial chaqueña.

El agente, manteniendo el profesionalismo ante la bizarra situación, procedió a labrar el acta: «Escúcheme, ¿registro del automotor? ¿DNI, por favor? ¿Por qué no lleva el seguro puesto? Permítame el carnet de conducir, señor». Ante el riguroso interrogatorio, la conductora canina clavó sus ojos marrones en las cámaras, tiró la cabeza de costado y se llamó al absoluto silencio, negándose a soplar el alcoholímetro a pesar de que el inspector insistía.

Atrás, en el asiento del acompañante, se encontraba el verdadero dueño del vehículo: Miguel Gamboa. Para los memoriosos del transporte local, el nombre no es ninguna coincidencia. Gamboa es un conocido ex chofer de colectivos de la mítica y desaparecida Línea 3 de Resistencia.

Al ser consultado por esta pésima idea de cederle el volante a su mascota, Gamboa —fiel al viejo folklore colectivero— intentó ensayar una defensa: «¡Y qué querés, hermano! Con los pozos que hay en la avenida, el calor de 45 grados a la sombra y el tránsito de esta ciudad, hace falta tener reflejos de animal para manejar acá. Yo ya cumplí mis años arriba del colectivo, ahora le toca a la piba».

Fuentes vecinales aseguran que el pichicho aprendió las malas mañas mirando a su dueño: ya sabe clavar el freno de mano si se cruza un peatón distraído, le tira el auto encima a las motos y, si le llegás a tocar bocina, te clava una mirada fija que te liquida. Lo único que todavía no logró dominar es el tema de dar el vuelto y cortar el boleto capicúa con las patas delanteras.

El vehículo no fue retenido, pero el perro se fue con una advertencia seria: la próxima vez que lo agarren manejando sin el cinturón de seguridad (o sin bozal reglamentario), el auto se va directo al corralón municipal. Mientras tanto, en las calles de Resistencia, los pasajeros nostálgicos de la Línea 3 ya se preguntan si esta nueva «chofer» acepta la tarjeta SUBE o si hay que pagarle con alimento balanceado.

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