Opinion: a la IA la comemos como si fuera un pancho

No sé a ustedes, pero a mí el futuro me tiene con los huevos al plato.

Nos prometieron autos voladores y terminator, pero resulta que los científicos de Silicon Valley, esos muchachos la cara con menos gracia que un balde de arena, dicen que en diez años la Inteligencia Artificial nos extermina a todos. Diez años. Un suspiro. el tiempo que le toma a un político del Chaco para empezar a «carretear». Y yo pienso: si la Inteligencia Artificial nos va a extinguir, ojalá que antes le toque lidiar con la cotidianeidad del conurbano chaqueño, a ver si aguanta el primer golpe en el pecho.

Miren si no el mapa de nuestra realidad diaria, un sainete tan perfecto que ninguna computadora con microchips de última generación podría procesar sin tirar pantalla azul.

Esta semana, sin ir más lejos, el diputado nacional Aldo Leiva casi se incrusta contra un camión en la Ruta 11. Hasta ahí, una de esas postales del tránsito a las que estamos tristemente acostumbrados. El detalle del folklore criollo saltó al ratito: resulta que el auto que aparentemente manejaba el legislador pertenece a la Municipalidad de General San Martín. Pongan a la IA a calcular las probabilidades matemáticas de que un diputado use un coche municipal para andar por la ruta y se le quita la memoria RAM en dos segundos.

Mientras tanto, en el escenario nacional, Javier Milei volvió a dar la nota envuelto en la bandera de las Malvinas, una imagen que oscila entre el mesianismo, el efectismo televisivo y la eterna necesidad argentina de colgarse de los símbolos futboleros para ver si al menos así tapamos la gotera del techo.

Pero acá, bien a tierra, la naturaleza tiene su propia ironía. Tuvimos que esperar que llegara el fenómeno de El Niño con sus anuncios de futuras lluvias torrenciales para que, mágicamente, se empezaran a limpiar lugares de Resistencia que ya ni recordábamos que existían. Espléndido: El gobierno provincial, la municipalidad y hasta los boy scout necesitaron que alguien le diga que el cielo se va caer a pedazos dentro de unos meses para acordarse de que había mugre acumulada desde la época de la conquista. Si esto lo maneja un algoritmo, nos cobra impuesto al agua de lluvia antes de limpiar la zanja.

Y como para demostrar que la biología humana es infinitamente más dura y resistente que cualquier servidor de Google, le dieron el alta a Mirtha Legrand. Estuvo una semana internada, la señora. Una semana. Salió caminando, impecable, peinada como para ir a comer masas finas. Mirtha ya vio pasar a la televisión en blanco y negro, al color, a la llegada del hombre a la Luna, a la caída del Muro de Berlín y a la era de internet.

Sinceramente, no sé si la Inteligencia Artificial nos va a liquidar en diez años. Lo que sí sé es que, si lo intenta, le va a costar un Perú. Porque para liquidarnos primero va a tener que entender cómo sobrevivimos cada día a este quilombo hermoso, absurdo y desopilante. Y me da la impresión de que a la primera de cambio, la IA se estropea y Mirtha le termina haciendo un almuerzo en vivo para festejar el final de los tiempos.

Alejandro Torres – Periodista e Inteligente Artificial

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