“Brecha gris”: cuando los adultos y mayores quedan al margen del mundo digital

En un mundo ideal la tecnología debería estar al servicio de la humanidad, pero qué ocurre cuando las herramientas tecnológicas crean parias digitales que no lograr seguir el ritmo del presente. Mientras la conversación educativa se concentra en cerrar la brecha digital de los más jóvenes, existe también otra brecha que atraviesa a los adultos de entre 55 y 65 años y adultos mayores.

Los datos más recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), obtenidos a través de la Evaluación de las Competencias de los Adultos (PIAAC), muestran que la falta de competencias digitales básicas es significativa y clave de redefinir, ante la oportunidad de una “economía plateada” en ascenso.

Brecha gris y brecha digital

El término “brecha gris” se le atribuye a Peter Millward quien en 2003 acuñó el término “grey digital divide” en un artículo en el que analizaba la adopción tecnológica de usuarios y voluntarios de una organización benéfica británica dedicada a personas mayores en Wigan, un pueblo con una economía de “industrias viejas” como el carbón y el textil.

La lógica retoma la más amplia noción de “brecha digital” (digital divide), acuñada en 2001 por Pippa Norris para describir la polarización general entre quienes tienen y no tienen acceso a las TIC. Millward le agregó el adjetivo “gris” para nombrar específicamente el recorte etario de esa brecha; la exclusión de los adultos mayores (65+), con una exclusión aún más marcada entre los mayores de 70 años.

Con el tiempo el concepto se refinó en la literatura académica en tres niveles, un primer nivel de acceso a la tecnología (conectividad, dispositivos); un segundo nivel de habilidades y competencias digitales y un tercer nivel de capacidad de traducir ese acceso y esas habilidades en resultados concretos y favorables en la vida offline.

Aprender y adaptarse

La OCDE actualizó en 2024 los resultados de la segunda edición de la Encuesta de Competencias de los Adultos (PIAAC) a partir de datos relevados entre 2022 y 2023 en 31 países y destacó que realizó un cambio metodológico al reemplazar la antigua medición de “resolución de problemas en entornos ricos en tecnología” (usada en el primer ciclo, 2011-2018) por una competencia rediseñada llamada resolución adaptativa de problemas.

¿Qué significa este cambio? Se empezó a evaluar la “capacidad de alcanzar objetivos en situaciones dinámicas donde no hay un método de solución inmediato”; es decir la diferencia es que ya no se mide únicamente el manejo técnico de una computadora o software, sino la capacidad cognitiva de una persona para reaccionar frente a un problema que cambia o evoluciona mientras se lo está resolviendo.

Según la propia OCDE, esto implica poner en juego procesos cognitivos y metacognitivos tales como definir el problema, buscar información relevante, aplicar una solución y, además, monitorear y reevaluar esa solución a medida que la situación se modifica.

Según el informe “¿Poseen los adultos las habilidades necesarias para prosperar en un mundo cambiante?” (OCDE, 2024), en la gran mayoría de los países participantes los adultos de 55 a 65 años muestran la proficiencia promedio más baja en los tres dominios evaluados, que son lectura, matemática y resolución adaptativa de problemas. En promedio, un 29% de los adultos (16-65 años) de los países de la OCDE se ubica en los niveles más bajos de resolución adaptativa de problemas, una proporción que sube marcadamente entre los mayores de 55 años.

En algunos países la brecha generacional es particularmente marcada; por ejemplo en Singapur, los adultos de 55 a 65 años obtuvieron en lectura 61 puntos menos que los de 25 a 34 años, frente a una brecha promedio de la OCDE de 30 puntos.

El primer ciclo de PIAAC (2011-2018) dejó un dato que se volvió referencia obligada en la discusión sobre brecha digital y edad. Mientras el 42% de los adultos de 25 a 34 años lograba completar tareas que requerían varios pasos y el uso de aplicaciones tecnológicas específicas (incluso simples como llenar un formulario online), en el grupo de 55 a 65 años solo uno de cada diez podía hacerlo.

En ese mismo ciclo, alrededor de un tercio de los adultos de 55 a 65 años declaraba no tener experiencia previa con computadoras o no superaba la prueba básica de tecnologías de la información y la comunicación (TIC), muy por encima del promedio general de la población adulta (16-65 años) cercano al 15%; demostrando que la competencia digital cae con la edad, y la caída es más pronunciada en el tramo 55-65.

La economía plateada y la brecha gris

Ese mismo grupo etario que la OCDE describe como el más rezagado en competencias digitales es, simultáneamente, el centro de un fenómeno económico que distintos organismos multilaterales vienen documentando como la “economía plateada” (silver economy), es decir, el conjunto de oportunidades comerciales, sociales y laborales generadas por el envejecimiento poblacional.

Desde el 2020, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sostiene que el envejecimiento- lejos de ser leído únicamente como una carga para los sistemas de pensiones y salud- también trae consigo oportunidades de desarrollo económico.

En especial a partir de nuevos emprendimientos y una apertura en número de la población económicamente activa. A esto se suma el nuevo foco del aprendizaje a lo largo de la vida con su impacto en la longevidad y en la actualización laboral y profesional.

En octubre de 2025, el Instituto de la UNESCO para el Aprendizaje a lo largo de toda la vida (UIL) junto con la Universidad Abierta de Shanghai y el Instituto para el Futuro de la Educación presentaron un informe titulado “Reducir la brecha digital gris: mejorar el aprendizaje de las TIC para los adultos mayores”.

En la publicación se analizan casos concretos en seis países (Baréin, Chile, China, Polonia, Sudáfrica y Estados Unidos) donde centros comunitarios, ONG e instituciones educativas ya están implementando pedagogías y entornos tecnológicos que logran incluir digitalmente a adultos mayores de forma efectiva.

Así como la tecnología avanza y los seres humanos viven más años, la inclusión digital es clave en cada etapa de la vida para lograr una participación y derechos plenos en la sociedad moderna.

Fuente: Infobae

 

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
Instagram