El Niño se intensifica y anticipan un escenario de mayores lluvias para Chaco hacia fin de año

El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose y los pronósticos climáticos ubican su mayor intensidad hacia el cierre de 2026, un escenario que podría favorecer un aumento de las precipitaciones en distintas zonas del nordeste argentino. En Chaco, especialistas advierten que será necesario mantener un seguimiento permanente de las lluvias y de la evolución de los principales ríos durante los próximos meses.

Un informe técnico elaborado por especialistas de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) y la Universidade Federal de Santa Maria, con aportes de organismos vinculados al seguimiento hídrico, señala que el fenómeno climático se encuentra establecido y continúa ganando intensidad.

Las proyecciones internacionales contemplan una probabilidad elevada de que El Niño alcance una categoría fuerte o muy fuerte durante la primavera y el verano 2026-2027. La NOAA, organismo meteorológico de Estados Unidos, incluso proyectó una probabilidad superior al 90% de alcanzar la categoría de muy fuerte durante ese período.

Sin embargo, los especialistas remarcan que una mayor intensidad del fenómeno no significa automáticamente que se produzcan inundaciones o lluvias extraordinarias en todo el territorio chaqueño. El comportamiento de las precipitaciones dependerá también de la circulación atmosférica y de la respuesta particular de cada cuenca.

 

Para Chaco, el escenario requiere analizar dos situaciones de manera simultánea. Por un lado, las lluvias que puedan registrarse dentro de la provincia y en zonas cercanas; por otro, la evolución de los ríos que forman parte del sistema Paraná-Paraguay, debido a que las precipitaciones ocurridas aguas arriba también pueden modificar los niveles del río Paraná.

Las lluvias intensas en períodos cortos pueden provocar anegamientos, dificultades para el drenaje, cortes de caminos y complicaciones en sectores productivos, incluso cuando los grandes ríos mantengan niveles dentro de parámetros habituales.

Al mismo tiempo, los especialistas señalan que los ríos tienen respuestas diferentes. El Iguazú puede registrar aumentos rápidos de caudal después de episodios de precipitaciones importantes, mientras que el Alto Paraná y el río Paraguay responden en otros tiempos y con dinámicas propias.

La coincidencia de aportes provenientes de distintas cuencas puede modificar posteriormente las condiciones del Paraná medio y generar efectos sobre las zonas ribereñas cercanas al área metropolitana del Chaco.

En cuanto a las precipitaciones previstas para los próximos meses, los modelos muestran un escenario heterogéneo. Las estimaciones no indican un comportamiento uniforme para toda la provincia ni para las diferentes cuencas que aportan al sistema hídrico regional.

Las proyecciones más recientes señalan que durante octubre todavía podrían registrarse sectores con precipitaciones inferiores a los valores habituales en parte del Chaco, mientras que hacia noviembre y diciembre aumentaría la señal de lluvias por encima de lo normal en el NEA y el Litoral.

Para diciembre, los modelos climáticos proyectan un escenario de mayores precipitaciones en buena parte del centro y noreste argentino. En el NEA, algunas simulaciones contemplan anomalías positivas de lluvias, aunque estas estimaciones deben interpretarse como tendencias estacionales y no como pronósticos específicos para una localidad determinada.

Ante este panorama, los especialistas plantean la importancia de que los municipios mantengan actualizados sus planes de contingencia y revisen los mecanismos de respuesta frente a posibles episodios de lluvias intensas.

Entre las medidas de prevención se encuentran el control de desagües, canales, cunetas y sistemas de bombeo, además de la identificación de sectores que suelen presentar anegamientos, cortes de caminos u otras dificultades durante períodos de precipitaciones abundantes.

También se considera necesario realizar un seguimiento diferenciado de los niveles del Paraná, Paraguay e Iguazú, debido a que cada cuenca puede presentar respuestas diferentes frente a las lluvias y trasladar sus efectos hacia el Paraná medio en distintos momentos.

Los especialistas remarcan que las previsiones climáticas deben actualizarse a medida que se incorporen nuevos datos. Por ese motivo, el escenario actual funciona principalmente como una señal para reforzar la vigilancia y la preparación, y no como una alerta concreta de inundación para Chaco.

El período comprendido entre fines de 2026 y comienzos de 2027 aparece así como una etapa que requerirá especial seguimiento, tanto por la evolución de El Niño como por el comportamiento de las precipitaciones y de las principales cuencas que influyen sobre la región.

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