Gastar sin tener: cómo la deuda reemplazó al ingreso de las familias

El consumo se encuentra en su nivel más bajo de los últimos años y, aun así, el endeudamiento de los hogares alcanzó registros inéditos. La explicación no reside en un gasto desmedido, sino en un ingreso que no alcanza y en una cuota que siempre está disponible, ofrecida por bancos, fintech y financieras a costos que en el crédito vinculado a la venta promedian el 691 % anual. Cuando la familia no puede cumplir, el incumplimiento asciende por toda la cadena de valor minorista hasta volverla impracticable.
Los cierres de comercios y distribuidoras mayoristas registrados en el Chaco durante los últimos dos años comparten una explicación que sus propios responsables formularon de manera reiterada, y que no coincide con la que suele presumirse. No invocaron la ausencia de clientes: invocaron la imposibilidad de cobrarles. Los comercios minoristas de la región dejaron de vender y, por consiguiente, dejaron de pagar. Se trata de un diagnóstico económico completo formulado en una sola frase.
La plaza comercial chaqueña estima que la sucesión de cierres a lo largo de la cadena de valor minorista tornó impracticable el cumplimiento de la cadena de pagos. Cada eslabón que desaparece deja obligaciones sin cancelar que se trasladan al inmediato superior, y esa propagación recorre el circuito completo, desde el comercio de proximidad hasta la distribuidora regional. El proceso alcanza por igual a Resistencia, al centro provincial y a las localidades del interior.
Un supuesto que dejó de cumplirse
Durante décadas, el comercio operó sobre una premisa implícita y jamás escrita: que el cliente, tarde o temprano, cumplía. Esa premisa se quebró, y existe estadística oficial para acreditarlo.
Según el Banco Central, la morosidad de las familias argentinas con el sistema bancario alcanzó el 12,8 % en junio de este año, luego de diecinueve meses consecutivos de incremento. Un año antes se ubicaba en 5,2 %; en octubre de 2024, en apenas 2,5 %. Si se incorporan las billeteras virtuales y las entidades fintech —hoy el canal de crédito efectivo de los hogares de menores ingresos—, el Centro de Economía Política Argentina calcula una morosidad total del 15,5 %, el nivel más elevado desde la crisis de 2001. Cerca de seis millones de personas se encuentran en situación irregular sobre un universo de veintiún millones de deudores.
En el Chaco el cuadro resulta más severo que el promedio nacional. La provincia encabeza el registro de morosos del Nordeste argentino con 172.552 personas con atrasos superiores a noventa días y ocupa el octavo lugar del país. Su composición es reveladora: considerando exclusivamente el sistema bancario, los deudores irregulares chaqueños son 25.642; al incorporar billeteras virtuales y prestamistas no bancarios, la cifra se multiplica por más de seis. Unas 121.526 personas registran incumplimientos con billeteras digitales.
Dicho de otro modo: siete de cada diez chaqueños en mora no adeudan a una entidad bancaria, sino a un prestador que otorgó el crédito con rapidez, con requisitos mínimos y a un costo sensiblemente superior.
El precio que no se publica
¿A qué costo se endeuda ese hogar? La pregunta resulta más difícil de responder de lo que debería, y allí reside buena parte del problema. Un relevamiento de PHARO Consultora, con corte al 20 de agosto de este año, examinó las páginas públicas de 419 proveedores no financieros de crédito —financieras, fintech, mutuales, cooperativas y comercios que venden en cuotas— con el propósito de establecer qué información encuentra una persona antes de contratar. En 253 de esas entidades no se registró ningún valor: el 61,81 % no publica la Tasa Nominal Anual y el 63,01 % no publica el Costo Financiero Total.
Seis de cada diez prestadores omiten informar cuánto cuesta su crédito. No se trata de una formalidad administrativa: la Ley 24.240 exige información cierta, clara y detallada y, en las operaciones financieras para consumo, obliga a exponer de modo comprensible las condiciones económicas relevantes. Cuando el único dato visible es el importe de la cuota, la decisión de endeudarse se adopta sin elementos de comparación. Entre las entidades que sí informan, casi la mitad exige navegar secciones internas o abrir un documento adjunto para localizar el dato.
Los valores efectivamente publicados explican buena parte de lo que luego se observa en el mostrador. La Tasa Nominal Anual promedio relevada asciende a 240,28 %, equivalente a 3,74 veces la referencia bancaria de préstamos personales, que al cierre del relevamiento era del 64,33 %. Dos de cada tres entidades que informan tasa superan el 150 % anual. El Costo Financiero Total promedio, en tanto, alcanza el 995,98 %.
Ese promedio cercano al mil por ciento requiere una precisión técnica, porque se presta a una lectura equivocada: no significa que las ofertas se agrupen en torno a ese valor. La mediana —el valor que divide la muestra en dos mitades— es del 436,38 %, menos de la mitad del promedio. Esa distancia constituye la evidencia estadística de una distribución fuertemente asimétrica, con una cola de casos extremos que eleva la media: el percentil 95 asciende a 3.502,04 % y el máximo relevado, a 16.488,47 %. En términos prácticos, la mitad de la oferta informada se sitúa por debajo del 436 % y un grupo reducido supera el 5.000 %. Quien compara únicamente el valor de la cuota carece de todo elemento para saber en cuál de esos segmentos se encuentra.
Un segmento interpela de manera directa al comercio provincial: el crédito vinculado a la venta de electrodomésticos. Sobre veinticinco comercios minoristas de artefactos relevados, catorce publican ambos indicadores; el Costo Financiero Total promedio del segmento asciende a 691,47 % y su mediana a 724,40 %, con un máximo de 1.375,94 %. Es la financiación de la heladera, el lavarropas y el equipo de refrigeración, ofrecida en el mismo local donde se elige el producto y comunicada, habitualmente, mediante el número de cuotas y no mediante su costo.
El Banco Central aporta la contracara de ese mercado: a febrero de este año se registraban 12,1 millones de personas con financiamiento de proveedores no financieros, por un saldo de 13,9 billones de pesos, y la irregularidad total del sector ascendió al 26,9 % —34,1 % en préstamos personales— desde el 16,2 % de julio de 2025. Un deterioro de diez puntos y medio porcentuales en siete meses.
Una precisión necesaria: el comercio no otorga el crédito
Corresponde despejar un equívoco extendido, del que depende la correcta comprensión del fenómeno. El comercio formal chaqueño, en su enorme mayoría, no financia a sus clientes. Cuando una familia adquiere un electrodoméstico en doce cuotas, quien presta el dinero es un banco, una emisora de tarjeta, una fintech o una financiera. El comerciante percibe su venta —con deducción de comisión y conforme el plazo de acreditación que corresponda—, pero la percibe. El riesgo de incumplimiento no permanece en el mostrador: permanece en la entidad que otorgó el crédito.
Lo que el comercio aporta es el punto de contacto. La financiación se ofrece en el mismo local donde se elige el producto, se comunica en términos de cuotas y rara vez exhibe con idéntica prominencia la tasa, el Costo Financiero Total o su vigencia. El comercio no reviste la condición de acreedor, pero constituye el canal por el que ese endeudamiento ingresa al hogar, y los valores del segmento de electrodomésticos ilustran a qué costo.
El perjuicio al comerciante se materializa después, y por una vía distinta de la que suele presumirse. No consiste en la acumulación de cuentas incobrables: consiste en que el hogar sobreendeudado, una vez que ingresa en mora y pierde acceso al crédito, deja de comprar. La demanda no se posterga: se extingue. Ese es el vínculo efectivo entre la morosidad de las familias y la contracción de las ventas minoristas.
Subsiste un remanente de crédito comercial genuino al consumidor —la cuenta abierta del almacén de proximidad, el acuerdo informal con el cliente de años—, que persiste en las localidades del interior pero que resulta hoy minoritario y se encuentra en retroceso, precisamente porque ningún comerciante puede sostenerlo con el capital de trabajo disponible.
Menos ventas, con menor recupero por unidad
Debe descartarse asimismo la imagen de un mostrador colmado de compradores a crédito. El consumo masivo acumuló en junio su sexta caída interanual consecutiva y cerró el primer semestre con un retroceso del 2,9 %; según Scentia, el nivel se ubica en torno al 85 % del registrado en enero de 2023, y los canales mayorista y de supermercados de cadena fueron los más afectados. No hay excedente de consumidores: hay escasez.
Lo que se modificó es la proporción. Sobre una base de ventas contraída, la porción financiada de lo que efectivamente se vende no deja de crecer. El informe semestral de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, publicado este mes, consigna que seis de cada diez empresas ofrecen pago en cuotas, que el 76 % de ellas financia hasta seis pagos y que los planes de siete a doce ganan participación. La financiación dejó de constituir un diferencial competitivo para transformarse en un requisito de permanencia en el mercado.
Es en ese punto donde aparece el costo que la operación no exhibe. La cuota sin interés no carece de costo: carece de costo para el comprador. El cargo lo absorbe el vendedor, bajo la forma de un descuento que el adquirente aplica sobre cada transacción financiada. Un plan de tres cuotas puede representar para el comercio entre el 3 % y el 5 % del valor de la venta; uno de doce, el 14 % o más. A ello se adiciona el plazo de acreditación de los fondos.
El resultado es aritmético: el comercio coloca menos unidades y, por cada unidad colocada, percibe un importe menor y en un plazo mayor. Es allí donde se interrumpe la cadena de pagos, y no por incobrabilidad sino por descalce financiero. El comerciante cancela a su proveedor a treinta días, por el importe íntegro, con fondos que ingresarán a lo largo de tres, seis o doce meses y con una quita que puede alcanzar el catorce por ciento. El cheque rechazado no siempre indica que el cliente no pagó: con frecuencia indica que el comercio percibió tarde y percibió menos.
El crédito comercial entre empresas
Existe, en cambio, un tramo del circuito donde el crédito sí lo otorga un comercio, y conviene identificarlo con precisión porque allí se concentra el mayor riesgo. El mayorista vende al minorista en cuenta corriente, a treinta o sesenta días, sin intervención bancaria alguna. No es financiación al consumidor: es crédito comercial entre empresas, el que sostiene el abastecimiento de todo el interior provincial.
La magnitud de ese riesgo se advierte en la propia estructura del sector: las distribuidoras mayoristas de la región sostienen dotaciones específicas de preventistas y cobradores, es decir, personal afectado exclusivamente a colocar mercadería y a recuperar lo colocado. Cuando varios centenares de minoristas incurren simultáneamente en atrasos de treinta días, el mayorista absorbe un descalce que ninguna escala tolera. De allí proviene el deterioro de la cadena de pagos que refleja el Banco Central: en junio se registraron 105.297 cheques rechazados por falta de fondos en todo el país, un 57,3 % más que un año atrás y cerca de un 33 % más en términos reales.
Y cuando el mayorista se retira, el interior chaqueño no pierde únicamente un proveedor: pierde precio, pierde plazo y pierde variedad de abastecimiento. La cadena se reconstituye un escalón más abajo y con menos participantes.
Una base productiva que se contrae
Todo ello se verifica sobre un entramado empresario en retracción. Desde diciembre de 2023, el Chaco perdió el 11,7 % del empleo privado registrado: de cada cien puestos formales existentes, subsisten 88. La provincia acumula treinta meses consecutivos de caída interanual del empleo privado y la cantidad de empresas empleadoras retrocedió 5,2 % en un año.
Del lado de la demanda, las ventas minoristas pyme cayeron 3,8 % interanual en julio, el Gran Resistencia registra la desocupación más alta del Nordeste —9,7 %— y los salarios privados formales chaqueños acumulan siete meses consecutivos de caída real. Ninguno de estos indicadores resulta determinante por separado. Su concurrencia configura un escenario en el que la eficiencia individual del comerciante ya no basta para asegurar la continuidad del negocio.
El margen de decisión del comerciante
El diagnóstico no impone resignación, pero sí exige modificar el tablero de control. El estado de resultados puede exhibir ganancia mientras la empresa avanza hacia la cesación de pagos, porque registra la venta el día de su facturación y no el de su percepción. En el escenario descripto, el indicador que determina la continuidad no es el margen sobre ventas, sino el plazo medio de cobranza comparado con el plazo medio de pago a proveedores.
De allí se derivan tres decisiones de aplicación inmediata. La primera consiste en distinguir con rigor las dos modalidades de venta: la financiada por un tercero, en la que el riesgo crediticio es ajeno pero el costo de la comisión y del plazo de acreditación es propio y debe integrarse al precio; y la efectuada en cuenta corriente a otra empresa, donde el riesgo es enteramente propio. Confundir ambas constituye hoy el error de gestión de mayor costo.
La segunda consiste en verificar antes de abrir cuenta corriente comercial. La consulta de la situación de un cliente en la Central de Deudores del Banco Central es gratuita, legal y elemental, particularmente en operaciones mayoristas dirigidas al interior. La tercera consiste en proyectar el flujo de fondos a trece semanas con actualización semanal: la crisis de liquidez admite anticipación de un mes cuando se la mide, y de ninguno cuando no se la mide.
Corresponde señalar, por último, una decisión que suele adoptarse tardíamente. El concurso preventivo, promovido en tiempo oportuno, protege la empresa, ordena el pasivo y preserva la fuente de trabajo. Promovido tardíamente, cuando el capital de trabajo ya se ha consumido, sólo administra una liquidación. La diferencia entre ambos supuestos no la establece la ley, sino el momento en que el empresario acepta examinar sus propios números.
Porque el problema de fondo no reside en la caja de un comercio en particular, sino en un circuito donde el consumo se contrajo, donde lo poco que se vende se vende financiado, y donde esa financiación la aportan terceros a costos que el hogar no puede sostener y que el comercio absorbe en su margen. Mientras esa configuración persista, ningún comerciante chaqueño podrá resolver mediante eficiencia individual lo que constituye una falla del sistema en su conjunto.
LOS NÚMEROS DE LA COLUMNA
- 12,8 % — Mora de las familias con bancos en junio de 2026, tras 19 meses de suba (BCRA). Era 5,2 % un año antes.
- 15,5 % — Mora total de los hogares incluyendo billeteras virtuales y fintech, el nivel más alto desde 2001 (CEPA).
- 172.552 — Personas en mora en el Chaco a mayo de 2026: primera del NEA y octava del país (CEPA sobre Central de Deudores).
- 121.526 — De esos morosos chaqueños, los que deben a billeteras virtuales. Sólo 25.642 corresponden a bancos.
- 105.297 — Cheques rechazados por falta de fondos en el país en junio: +57,3 % interanual (BCRA).
- 63,01 % — Proveedores no financieros de crédito que no publican su Costo Financiero Total: 253 de 419 entidades no exhiben ningún dato (PHARO Consultora, corte al 20/08/2026).
- 995,98 % — CFT promedio publicado. La mediana es 436,38 %, el percentil 95 llega a 3.502,04 % y el máximo relevado, a 16.488,47 % (PHARO Consultora).
- 691,47 % — CFT promedio del crédito atado a la venta de electrodomésticos, sobre 14 comercios que informan el dato (PHARO Consultora).
- 26,9 % — Irregularidad de la cartera de proveedores no financieros a febrero de 2026, contra 16,2 % en julio de 2025 (BCRA).
- -2,9 % — Consumo masivo en el primer semestre de 2026, con seis caídas interanuales consecutivas. El nivel equivale a cerca del 85 % del de enero de 2023 (Scentia).
- 3 % a 14 % — Costo que el comercio absorbe por vender en cuotas “sin interés”, según sea un plan de tres o de doce pagos, más el plazo de acreditación.
- 6 de cada 10 — Empresas que ofrecen pago en cuotas; el 76 % financia hasta seis pagos y los planes de 7 a 12 ganan participación (CACE, informe semestral, agosto de 2026).
- -3,8 % — Caída interanual de las ventas minoristas pyme en julio; -2,7 % en el acumulado del año (CAME).
- -11,7 % — Empleo privado registrado perdido en el Chaco desde diciembre de 2023 (FECHACO sobre datos SIPA).
- 9,7 % — Desocupación en el Gran Resistencia en el primer trimestre: la más alta del NEA (INDEC).
Por Cr Facundo Pujol





