Resistencia ¿A qué?
La "resistencia al cambio" no es simplemente terquedad o falta de voluntad; es un mecanismo evolutivo y psicológico de supervivencia.

*Por Javier Iznardo
Economía energética. Nuestro cerebro consume normalmente una quinta parte de toda la energía disponible en el cuerpo para funcionar. Para eficientizar los recursos, tiende naturalmente a automatizar comportamientos, creando hábitos. Para aprender una nueva forma de hacer las cosas, de trabajar, de vivir, de ser. Debe salir del modo «piloto automático» y activar la corteza prefrontal, lo que consume mucha más energía. Pero como nuestro organismo es naturalmente reacio a derrochar recursos energéticos priorizando su disponibilidad en pos de la supervivencia, esto genera una resistencia natural al cambio.
Condicionamiento de la supervivencia evolutiva. Por si esto fuera poco, quienes lograron sobrevivir a lo largo de nuestro camino evolutivo, fueron los homínidos “hipervigilantes” y no los “optimistas arriesgados”. Sobrevivieron aquellos que priorizaron no perder lo que ya habían conseguido, por sobre aquellos que se arriesgaron a obtener una ganancia. Esto generó un “cableado particular” en el cerebro, dónde la amígdala se volvió muy eficiente para disparar de forma súbita una descarga de cortisol y adrenalina que nos permite ponernos a salvo inmediatamente, anulando consideraciones de contexto – es decir, nos vuelve incapaces de analizar el contexto amplio de una situación -, y dónde el circuito de recompensas se volvió efímero, liberando una emoción placentera que se disipa al poco tiempo, con el fin de mantenernos en búsqueda constante de mejoras. Esto tiene una consecuencia muy particular para la experiencia humana: sentimos las pérdidas con mucha mayor intensidad que los logros y nos enfocamos con mucha mayor intensidad en los errores, los fracasos y en todo aquello que perdemos, antes que en los aciertos, las conquistas y todo aquello que ganamos.
Disonancia cognitiva. Cómo corolario de este proceso neurofisiológico, cuando un cambio amenaza nuestras creencias, ideas o identidad, la mente se defiende del displacer, rechazando o negando ese nuevo estado de las cosas, esa nueva realidad o buscando elementos para desacreditarla. Algo que se conoce como sesgo de confirmación.
Resistencia Social. Los seres humanos somos además animales gregarios. No vivimos de forma aislada, sino naturalmente en grupos. Esto implica que establecemos constantemente acuerdos que hacen a la convivencia pacífica y al progreso social. Cuando un individuo o un grupo, plantea un cambio, en el fondo lo que entra en juego es la amenaza a la cohesión del grupo. Así también, las sociedades humanas son naturalmente jerárquicas, por lo cual, los cambios, implican siempre una amenaza a la forma en que se distribuyen el poder, la influencia y los recursos del conjunto. Por último, los grupos humanos se comportan como “sistemas homeostáticos”, si un individuo o una parte del grupo intenta introducir un cambio, el resto de las partes ejercerá una presión contraria con el fin de restaurar el equilibrio amenazado.
En suma, los seres humanos no buscamos naturalmente la Verdad. Buscamos mantener el status quo, las jerarquías, los órdenes establecidos, la comodidad, la seguridad, buscamos tener razón, buscamos no perder, buscamos conservar lo que ya tenemos, lo que ya hemos conquistado.
Evidencias de este proceso, podemos verlas a lo largo de toda la historia de la humanidad. Nuestra historia en sí misma, no es más que la crónica de las luchas por el poder, la influencia y los recursos. La Revolución de la Imprenta amenazaba el poder de la iglesia como monopolio de la información bajo el argumento de la profanación y tergiversación de textos sagrados que hasta entonces eran de dominio eclesiástico y ponía en riesgo también la labor de los escribas que se ocupaban de su reproducción. La Revolución Copernicana del siglo XVI donde se disputaba un modelo Geocentrista contra uno Heliocentrista del universo, en el que el hombre dejaba de ser el centro del universo y la creación predilecta de Dios, para redefinirlo como el habitante de un satélite de una estrella más; poniendo en riesgo también el crédito de la Iglesia como vocera e intérprete idónea de los designios divinos al exponer su error cosmológico. La Revolución Industrial, amenazaba los puestos de trabajo de los artesanos y las industrias manufactureras como el caso de la textil, ante la mecanización de los procesos, con telares e hiladoras mecánicos. La Revolución Eléctrica del siglo XIX, puso en riesgo a los grandes monopolios del gas, a raíz de la cual se instauró una campaña de miedo, advirtiendo a la población de innumerables efectos adversos a la salud y del riesgo inminente de descargas eléctricas. Actualmente vivimos una Revolución equivalente con el avance de la Inteligencia Artificial que pone en peligro muchos puestos de trabajo que hoy se van volviendo obsoletos y podemos citar un sin fin de et ceteras más. Cuestiones mucho más cercanas a nuestro día a día como el avance de aplicaciones logísticas como Über o Didi, se presentan como una amenaza a las agencias formales y la precarización laboral.
Si bien es cierto que son los Hipervigilantes, los custodios del status quo, los que aseguran la continuidad de la especie. No es menos cierto que esa continuidad y ese status quo son el resultado de los riesgos asumidos por los Optimistas arriesgados, es gracias al desafío a las normas de estos últimos, que las sociedades evolucionan y progresan, gracias a ellos se democratizó la información, gracias a ellos conocimos las ciencias, la astronomía, la física, la cosmología, gracias a ellos tenemos una Nación, tenemos automóviles, trenes, aviones y tractores; tenemos acceso a ropas y calzados; tenemos acceso a la electricidad, al internet.
Galileo enjuiciado por la Santa Inquisición de la Iglesia y bajo amenaza de tortura y muerte, fue obligado a retractarse de la teoría heliocéntrica. Según la leyenda, mientras se reincorporaba, luego de abjurar de rodillas respecto de sus descubrimientos frente a las autoridades del clero, murmuró desafiante entre dientes “eppur si muove” – lo que significa “y sin embargo, se mueve” en referencia a la tierra alrededor del sol – Esta anécdota representa actualmente, un símbolo de la lucha del progreso contra el dogmatismo y la intolerancia.
Esta es pues, una invitación a preguntarnos ante cada amenaza de cambio ¿a que nos estamos resistiendo? ¿Estamos resistiéndonos al Progreso o lo estamos promoviendo? ¿estamos resistiéndonos a cambiar el status quo, las jerarquías, los órdenes establecidos, la comodidad, la seguridad, los privilegios, el dogmatismo y la intolerancia o estamos buscando perpetuarlos?
No nos olvidemos que desde su fundación, el nombre mismo de la Capital de nuestra provincia, nos interpela a recordar la Resistencia frente a los ataques contra el asentamiento de los primeros colonos, la ciudad, fué “La Resistencia del Progreso” en el Chaco. Eppur si muove.
* Técnico en Psicología / Ayudante Terapéutico. 20 años como Telefónico. Coordinador General de UCASAL Resistencia. Jefe de Operaciones del Shopping Sarmiento. Programador Full Stack. Analista de Datos.




