Un “casting” viral: cuando la vida real se mide en likes

Por Alejandro Torres - Periodista

Un día alguien se convirtió en protagonista de un fenómeno viral: publicó en Facebook un “casting amoroso” con requisitos tan rígidos que, más que una búsqueda de pareja, parecía una licitación pública. 

La protagonista buscaba un hombre ideal: alto, profesional, sin vicios, trabajador, y hasta con camioneta. La publicación explotó, y mientras se reían algunos de los requisitos imposibles, otros se preguntaban si esa búsqueda no era, en el fondo, un reflejo de la banalidad de las redes.

Pero hagamos de cuenta que les relato una historia, la historia de Lucía. Desde chica, Lucía se imaginaba como una jueza, y cada vez que ganaba una causa, soñaba que la ciudad le dedicaría una canción. Pero ahora, en este escenario de likes y filtros, su búsqueda se convierte en un retrato de la trivialidad. ¿Cuántos sueños se pierden en una selfie, en un chiste que se viraliza, o en una fórmula mágica que promete el amor perfecto?

Y aquí es donde la banalidad de las redes se cruza con nuestra responsabilidad. No es solo que una publicación se vuelva meme, es que, día tras día, nos acostumbramos a medir las relaciones, las expectativas y hasta nuestros sueños con likes. Lucía, en su imaginación, soñaba con justicia. Hoy, nos invita a preguntarnos si, detrás de cada “casting” banal, no hay un pequeño juicio de valor: uno que nos obliga a repensar, como ella, si no estamos usando las redes solo para medir nuestra vida, en vez de vivirla.

En definitiva, más allá del chiste o la burla, la historia de Lucía nos recuerda que las redes son un espejo: pueden amplificar nuestros sueños, pero también vaciarlos de sentido si no las usamos con cuidado. Y quizás, al final, esa búsqueda perfecta no era más que un recordatorio de que, en la vida real, no hay casting que valga, Lucía sabe que la fama es efímera, como esas promesas de amor que duran hasta el próximo scroll. Pero ese casting, ese listado imposible, la hizo pensar en su infancia, cuando jugaba a ser juez en un patio de tierra, soñando con un amor perfecto.

Así, la provincia se detuvo. No solo para reírse de los requisitos, sino para ver en Lucía un espejo: ¿qué esperamos del otro en una era donde todo se negocia en post de una foto perfecta? Y, mientras miles de hombres revisan sus camionetas, Lucía sigue esperando, no al príncipe ideal, sino a sí misma: aquella niña que soñaba con ser juez, y hoy, con un simple “casting”, vuelve a su propio juicio.

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