La violencia de ayer y hoy

Por Alejandro Torres, periodista
En charla de colegas, hablábamos sobre el grave problema de la violencia hoy en día en nuestra ciudad, con los casos por todos conocidos.
Una de las funciones del periodismo es informar (no solo criticar) y, en ese sentido, la palabra viene del griego que podría traducirse como “formar mentes” o, más claro, “hacer pensar”. Pues, ¡allá vamos!
Dicho esto, comencemos por entender que hay varios tipos de violencia, y me tomo el laburo de nombrarlas para saberlas: Física, Sexual, Psicológica, Económica, Simbólica, Institucional y Cibernética. Comienzo con la primera aclaración de que las escribo a todas con mayúscula (por más que el corrector alcahuete del Word me llene el texto de subrayado rojo), porque considero que, para entender un tema tan delicado como este, hay que presentarlo y leerlo con el respeto y atención que se merecen (en grande).
Hace tiempo convivimos con violencias de todo tipo y tenemos diariamente todos los ejemplos de las arriba nombradas: en el tránsito, en la escuela, los medios (desde la tele hasta el streaming) y hasta en la propia casa. Pero no nos vamos a detener en cada una, pero sí en identificarlas, señalarlas y decirles: “¡Pica! Ahí estás, te descubrí y no te vas a poder esconder más”.
Estoy seguro de que la violencia es tan cobarde que, cuando es descubierta, se apena en un rincón oscuro, espera, y si nadie más le presta atención, se marchita y desaparece. Pero cuidado, porque en esa espera puede que algún estúpido pase para prendérsele del tobillo y así comience, de a poco, a formar parte de su vida.
Pero en esa charla de las que les hablé al principio, saltó un detalle que llamó nuestra atención, y es esa especie de “efecto contagio” que tienen algunas cosas que hacen algunos otros, menos iluminados, usen la violencia para tratar de llamar la atención, como si de bromas muy poco graciosas se tratasen.
Dato noventoso: en mis años de estudiante universitario, me tocó exponer sobre la violencia en los medios de comunicación (¡piel de gallina!) y me encontré con un dato muy interesante para esa época, y era que, en ese momento, la demanda de películas de acción y aventuras en los conocidos videoclubes (gugléen, centennials) superaba ampliamente a su perseguidores más cercanos (las XXX y comedias, en ese orden). No me quiero imaginar ahora.
Lo cierto es que la violencia, en todas sus dimensiones y con todos sus matices, está, y justamente de nosotros depende la posibilidad de darle una solución. ¿Cómo? No lo sabemos, pero no veo la hora de escuchar: “¡Piedra libre para todos mis amigos!” y juntos vayamos riéndonos a mirar dibujitos mientras tomamos la leche.




