Segunda jornada por el caso «Facturas Truchas»

Tras el debut del debate, este martes la segunda jornada continúa con el trámite de la lectura del requerimiento de elevación a juicio. Una tortura legal obligatoria para que los acusados escuchen, detalle por detalle, la montaña de pruebas que la fiscalía acumuló en su contra y que promete dejarlos sin margen de maniobra.

El caso, que se instruye bajo estricto apagón mediático (ya que se informó que no habrá transmisión por YouTube en esta primera etapa), apunta a desarmar una supuesta asociación ilícita fiscal dedicada a la emisión de facturación apócrifa y al lavado de activos. En criollo: una fábrica de facturas truchas para simular operaciones comerciales inexistentes y justificar el desvío de fondos que debían ir a parar a la gente, pero terminaron en bolsillos privados.

La «usina» que secó al IAFEP
La hipótesis del fiscal federal Federico Carniel es tan demoledora como generosa en papeles. Pasko y Ayala aparecen como los presuntos cerebros y organizadores de un esquema que utilizó «usinas» y sociedades fantasmas para sobrefacturar y simular gastos en organismos estatales. El blanco principal de esta ingeniería delictiva fue el hoy extinto Instituto de Agricultura Familiar y Economía Popular (IAFEP), un botín que, según la acusación, superó holgadamente los 800 millones de pesos.

Al lado de los dos principales apuntados, se sienta una nutrida lista de familiares y presuntos prestanombres encargados de mover el engranaje de las estructuras ficticias: Diana Yael Daniel, Juana Elsa Brahim, Álvaro Pasko, Jorge Pasko, María Belén Reinau, María José Reinau, Edith Ayala, Ramón Acevedo y Osvaldo Ramón Godoy. Once personas en total para un expediente que el propio Carniel definió como «complejo», aunque chicaneó con absoluta confianza: «La prueba es bastante generosa con la acusación».

¿Se quiebra el pacto de silencio?
La estrategia de las defensas se mueve a contrarreloj. Gastón Chapo, abogado de la imputada Juana Brahim, adelantó que si logran meterle velocidad y abreviar la lectura de la acusación, este miércoles ya podrían empezar a desfilar los testigos. Y el número asusta: son cerca de 150 personas en lista de espera.
Pero el dato más picante que soltó el letrado va por otro carril: «Habrían algunos imputados que quisieran declarar», deslizó. La frase abrió de inmediato un manto de especulaciones en los pasillos de los tribunales federales. Frente a la contundencia de las pruebas y la perspectiva de un desfile interminable de testigos que los terminen de hundir, el bloque defensivo podría empezar a agrietarse si alguno decide romper el silencio para salvar su propio pellejo.

El juego recién empieza, pero la generosidad de la prueba y la magnitud del agujero financiero prometen convertir este juicio en el escándalo del año.

Redaccion Infoqom

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